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martes, 15 de noviembre de 2022

17 películas que tratan la pérdida de un hijo: hablemos del duelo


Perder a un hijo es una de las experiencias más dolorosas que puede experimentar un padre y una madre. Es un tema delicado y complejo, que trataremos de abordar con toda la sensibilidad y el respeto posibles.

El cine ha intentado mostrar la realidad tan dura a la que han tenido que enfrentarse muchas parejas y/o familias, a través de historias que muestran esta experiencia.

La habitación del hijo (La stanza del figlio) (2001)

Desde mi cielo (The Lovely Bones) (2009)

Una película basada en la novela "Desde mi cielo" de Alice Sebold. Susie Salmon, una niña de catorce años que muere asesinada, observa desde el cielo cómo cambia la vida de su familia y de sus amigos tras la terrible tragedia.

Mientras un detective intenta resolver el caso, el asesino borra todas las pistas y se prepara para volver a actuar.

La Memoria del Agua (2015)

La Memoria del Agua es la historia de amor de una joven pareja que tras la muerte de su hijo lucha por mantener su relación.

Este inmenso dolor los ha fracturado como pareja y a pesar de lo mucho que se quieren, no pueden sobreponerse a la inmensa pérdida.

Asistimos a la sutil construcción de sus nuevas vidas, y observamos sus movimientos por olvidar lo que fueron como pareja. Pero la posibilidad de un nuevo reencuentro aparece y ellos saben que esa decisión podrá cambiar el sentido de sus vidas para siempre.

Belleza oculta (2016)

Howard Inlet (Will Smith) es un exitoso ejecutivo de publicidad de Nueva York. Su situación cambia drásticamente cuando una tragedia personal le golpea con fuerza, lo que le lleva a caer en una profunda espiral de depresión.

Sus colegas más cercanos intentarán animarle y sacarle de su letargo. Para ello pondrán en marcha un plan poco convencional, para obligarle a afrontar su sufrimiento de una manera sorprendente y profundamente humana. Pero este plan traerá consigo resultados imprevistos.

Belleza oculta 

Mammal (2016)

Margaret, una mujer divorciada incapaz de superar la pérdida de su hijo adolescente, comienza a encontrar consuelo en Joe, un joven que no tiene hogar y que parece dispuesto a compartir experiencias y tiempo con ella.

 https://www.youtube.com/watch?v=xNhygAR6ThQ

 https://www.youtube.com/watch?v=6RHKQYQzpps

El sueño de Lú (2011)

Tras un intento de suicidio, Lucía resignificará su vida para seguir adelante. Al enfrentar la pérdida de su hijo encontrará nuevos vínculos y pequeños milagros; un encuentro y un viaje inesperado abrirán espacio para comprender que puede permanecer en la vida, y descubrirá que la eternidad se contiene en un instante.

 


17 películas que tratan la pérdida de un hijo: hablemos del duelo (bebesymas.com)

miércoles, 15 de junio de 2022

¿Qué es el duelo? ¿Mi duelo es normal o ya es patológico?

 Le echo tanto de menos. Parece que la gente sigue adelante y yo no puedo. Pienso en ella todo el tiempo. Me he distanciado de los demás. No dejo de pensar en la última vez que la vi, lo que podría haber hecho. Estos pensamientos en bucle me acompañan siempre. ¿Por qué me ha pasado esto a mí? No es justo. Me aferro a su imagen y la tristeza no se pasa. Yo no quiero olvidar.

Pensamientos como este son normales durante un tiempo determinado cuando uno/a ha perdido a un ser querido. Pero, ¿cuándo un duelo se vuelve patológico? ¿Ha pasado ya más de un año y te siguen invadiendo sensaciones como las mencionadas?


¿Qué es el duelo?

El duelo es un proceso natural de respuesta ante la pérdida de un ser querido que nos afecta a todos los niveles: físico, cognitivo, emocional, conductual y existencial.

Es el mecanismo que el cuerpo utiliza para afrontar esa ausencia. Este dolor global requiere también de una respuesta global que va más allá de hablar de lo sucedido y expresar emociones. Aunque esta parte es necesaria para la elaboración del proceso de duelo, no es la única.

A veces, el dolor es más difícil de superar debido a diversos aspectos como las circunstancias traumáticas de la muerte, la ausencia de apoyo social, la personalidad, el vínculo con la persona fallecida, etc.


Síntomas del duelo

Si ha pasado poco tiempo desde la pérdida, seguramente las sensaciones físicas estén más presentes e intensificadas. Si hace más tiempo, es posible que la magnitud sea menor a nivel físico pero aparezcan más síntomas psicológicos que en esos primeros días.

Todos estos pensamientos, sentimientos, comportamientos y síntomas físicos se denominan respuestas o afrontamientos de duelo y son maneras naturales con las que respondemos ante una situación tan impactante que nuestro cerebro y cuerpo no pueden asimilar.

Respuestas físicas

  • Sensación de estómago vacío

  • Falta de energía, agotamiento

  • Llanto

  • Alteraciones del sueño (insomnio o sueño excesivo)

  • Inapetencia, pérdida de peso

  • Opresión en el pecho

  • Pérdida del deseo sexual

Respuestas psicológicas

  • Extrañeza ante el mundo habitual

  • Incredulidad

  • Irritabilidad

  • Confusión

  • Alucinaciones relacionadas con la pérdida

  • Preocupación por lo que se ha perdido

  • Pérdida de ilusión, desinterés

  • Culpa y reproche (por los fallos con esa persona, por retomar la alegría)

  • Ansiedad

  • Rabia hacia los médicos, Dios, familiares…

  • Alivio, liberación

  • Sentimiento de abandono

  • Desasosiego ante fechas señaladas

¿Mi duelo es normal o ya es patológico?

Determinar si un duelo es normal o no depende principalmente de la intensidad del malestar y de la interferencia con la vida cotidiana de la persona.

Realmente, hasta los 2 o 3 años no podremos decir si alguien ha integrado adecuadamente la pérdida de ese ser querido.

La sociedad actual, por la rapidez con la que se nos exige vivir y por la dificultad para expresar y permitir emociones, se alarma cuando una persona sigue triste, acordándose de su ser querido o sin muchas ganas de hacer vida social.

Por eso es importante conocer los criterios de duelo patológico para saber cuándo preocuparnos.

No existe un diagnóstico consensuado de duelo patológico sino que depende de cada persona y situación individual, pero se han propuesto una serie de criterios a valorar.

Criterio A

Estrés por la separación afectiva que conlleva la muerte. Para ello se han de presentar cada día o de forma muy intensa al menos 3 de los 4 síntomas siguientes:

  • Aparición de pensamientos intrusivos y repetitivos acerca del fallecido

  • Añoranza (recordar su ausencia con enorme y profunda tristeza) del fallecido

  • Búsqueda (aún sabiendo que ha muerto) del fallecido

  • Sentimientos de soledad debido al fallecimiento

Criterio B

Estrés por el trauma psicológico que supone la pérdida (4 de los 8 síntomas):

  • Ausencia de metas y/o tener la sensación de que todo es inútil respecto al futuro

  • Sensación subjetiva de frialdad, indiferencia o ausencia de respuesta emocional (bloqueo emocional)

  • Dificultad de aceptar la realidad de la muerte

  • Sentimientos de vacío y de que la vida carece de sentido

  • Sentir que una parte de sí mismo/a ha muerto también

  • Asumir síntomas y conductas poco adecuadas del fallecido o relacionadas con él

  • Excesiva irritabilidad, amargura, y/o enfado en relación con la muerte

  • Alteraciones en la manera de ver e interpretar el mundo

Criterio C

Duración de los síntomas de, al menos, 12 meses.

Criterio D

No hablaremos de duelo patológico si no se produce un deterioro en la vida social o laboral de la persona. Esas áreas deben estar afectadas. Si la persona puede seguir con su vida razonablemente bien aunque siga teniendo pena, no se consideraría complicado.

Además de estos criterios es fundamental entender el patrón de vinculación que establece la persona afectada. El estilo de apego que portamos desde la infancia será determinante en la superación de la pérdida de un ser querido.

Las personas en duelo patológico suelen haber establecido una relación fusional y muy apegada con la persona fallecida, donde los límites entre una y otra eran difusos.

Personas más dependientes, que no pueden vivir sin el otro, donde el sentido o único proyecto de la vida es la relación afectiva, suelen sentir que, cuando pierden a esa persona, pierden una parte de ellos.

Cuando necesitas del otro para funcionar en la vida,no tomas decisiones sin su aprobación o beneplácito y has establecido un vínculo donde no ha habido mucho espacio individual, puedes padecer lo que algunos psicólogos denominamos melancolía.

El proceso del duelo: fases

El duelo tiene cuatro fases que se dan secuencialmente, aunque a menudo se superponen entre ellas. Ante cualquier pérdida (incluso en las separaciones o rupturas) se presentan estas etapas en mayor o menor medida.

Vivir la experiencia de duelo implica ponerles atención y aceptarlas todas.

En este proceso se dan dos tipos de mecanismos de afrontamiento: los orientados a la pérdida y los orientados a la restauración.

Para que el duelo pueda ser superado, estos dos mecanismos deben darse de forma oscilatoria, alternando entre ambos.

Al avanzar el proceso en el tiempo predominarán los mecanismos orientados a la restauración.


Fase uno del duelo: aturdimiento/choque

Tanto si el fallecimiento era esperado por una larga enfermedad, como si ha sido por causa inmediata, la primera reacción al conocer la pérdida es de aturdimiento y choque.

La conmoción causada por la noticia de la muerte amenaza nuestra capacidad de respuesta organizada.

Existe una gran activación a nivel corporal que puede manifestarse, entre otros, mediante aumento del ritmo cardíaco y respiratorio (taquicardias, mareos), sudoración, opresión torácica, temblores, etc. Asimismo, podemos vivir episodios de hiperactividad o hipoactividad (quedarse inmóvil).

Puede que nuestra capacidad para concentrarnos, la atención y la memoria se vean limitadas, lo que afecta a la toma de decisiones y a la realización de determinadas tareas.

Existe una gran sensación de irrealidad. Nos asaltan pensamientos como «esto no puede estar pasándome a mí» o «sabíamos que iba a morir pero no imaginábamos que el momento llegaría».

Emocionalmente podemos sentirnos confusos, desesperados, tristes, culpables, llenos de angustia, miedo y ansiedad. La variedad de emociones sentidas puede ocasionar un sentimiento de embotamiento emocional, con incapacidad de sentir y de llorar; otras personas, en cambio, tienden a expresar su aflicción de manera intensa con llantos o gritos.

Es normal experimentar una oscilación entre la expresión y la inexpresión, entre la palabra y el silencio. En esta etapa podemos ver una gran variedad y diversidad de respuestas.

Todas ellas son normales, desde el llanto más desgarrador, hasta la aparente solvencia y reserva. En definitiva, todas estas reacciones ayudan a suavizar el impacto de la realidad de la pérdida.


Fase dos: protección/negación

Con frecuencia, en una familia en duelo la persona que lo lleva de manera más saludable es la que los miembros identifican como la que está peor.

Cuando tomamos conciencia de que empieza el día a día sin el ser querido sentimos la desgarradora realidad de la ausencia.

En esta fase podemos empezar a desarrollar una serie de respuestas de afrontamiento de la situación cuya finalidad es protegernos de esta nueva realidad.

En la mayoría de las personas en duelo empiezan a aparecer respuestas de evitación como negar los hechos o minimizar la importancia, mantenernos activos para manejar la sintomatología o incluso intentar sustituir la pérdida.

Estas estrategias promueven una asimilación más progresiva de la realidad; es decir, actúan como una barrera protectora ante el dolor, apartando de la conciencia recuerdos o pensamientos incómodos, sensaciones dolorosas, necesidades frustradas y el malestar general producido por la muerte del ser querido.

Hay una necesidad inconsciente de evitar el contacto con el dolor y la realidad de la pérdida.


Fase tres del duelo: integración/conexión

Progresivamente vamos aceptando la realidad de la pérdida y estamos más preparados para enfrentarnos al dolor que nos causa.

Las respuestas de evitación y negación van perdiendo intensidad y los recuerdos, así como la tristeza que de ellos se desprende, van inundando nuestro día a día.

En esta fase hay una gran necesidad de estar en conexión con los recuerdos de la persona fallecida, de hablar de los asuntos pendientes así como de lo importante que era esa persona en nuestra vida.

Aparecen los rituales como, por ejemplo, visitar lugares significativos, encender velas, hacer cajas de recuerdos, el diálogo simbólico (escribir cartas a la persona fallecida), etc.

En definitiva, es el momento de sentir la ausencia y el amor a través del recuerdo. Necesitamos expresarnos mediante la palabra u otras técnicas.


Fase cuatro: crecimiento/transformación

Después de asimilar todo el dolor de la pérdida, podemos experimentar una transformación importante en nuestras vidas. Pueden aparecer preguntas existenciales que hagan referencia al sentido de la vida.

Aparecen cambios en los valores y prioridades del afectado. Acostumbra a variar la percepción que tenemos de nosotros mismos y de los demás.

La pérdida se transforma en una nueva reorganización del mundo interno, dando paso a una nueva visión en el sentido y filosofía de la vida.

El dolor se va desvaneciendo paulatinamente para dar paso a otras emociones como la gratitud y el amor incondicional, tanto hacia la persona fallecida como a la vida en general.

Estas etapas son las necesarias por las que hemos de pasar para poder cerrar la herida emocional producida por la pérdida y que esta no se convierta en un duelo complicado o patológico.

No hay un tiempo determinado para establecer cuándo finaliza un duelo, pero no menos de un año.

Aunque en determinados momentos la ansiedad y la tristeza nos desborda es posible elaborar e integrar la pérdida de un ser querido y continuar viviendo (por supuesto, sin olvidar a esa persona).


Tratamiento psicológico del duelo

La muerte de un ser querido es uno de los fenómenos más dolorosos, indescriptibles y difíciles de asimilar en la vida de una persona. Mucha gente en esta situación se pregunta cómo sabe uno que ha superado una pérdida.

Durante el proceso psicoterapéutico veremos que integrar la muerte no es olvidar a esa persona ni dejar de conmoverse cuando algo nos recuerde a él/ella.

Los objetivos principales en una terapia de duelo son: facilitar al paciente que hable sobre el fallecido, permitir la expresión de las emociones que surjan (rabia, culpa, tristeza, ansiedad, negación), comprender el tipo de vínculo establecido con la persona fallecida, analizar el concepto de uno mismo y cómo se ha construido la autoestima tras el suceso y encontrar un sentido a la vida más allá del fallecimiento de esa persona tan importante.

La pérdida de una persona ha de elaborarse en un contexto relacional. Los seres humanos somos animales sociales que necesitamos del contacto emocional y la vinculación afectiva para desarrollarnos. Por ello, se desaconseja el aislamiento social para tratar de superar un duelo.

La relación entre psicólogo y paciente tiene un potencial de cambio muy importante porque además de que va encaminada a cubrir aquellas necesidades afectivas que la persona en duelo manifiesta, es reparadora en sí misma.

https://enmentepsicologos.com/que-es-el-duelo-mi-duelo-es-normal-o-ya-es-patologico/#:~:text=Sensaci%C3%B3n%20subjetiva%20de%20frialdad%2C%20indiferencia,mismo%2Fa%20ha%20muerto%20tambi%C3%A9n

¿Duele más perder a un hijo que perder a un padre?

 A lo largo de mi carrera me he encontrado a menudo con esta reflexión de mis pacientes: ¿Cuál es la pérdida más dolorosa? ¿Qué pérdida duele más? Ante esta pregunta casi siempre tropiezo con la misma respuesta: La pérdida más dolorosa es la pérdida de un hijo, es antinatural. He escuchado esta respuesta de boca de profesionales de la psiquiatría, de psicólogos, de asistentes a conferencias y en formaciones relacionadas con el duelo.

La creencia popular afirma de manera contundente que lo que más duele es la pérdida de un hijo. Es curioso porque esta afirmación, tan habitual y tan firme entre personas que debaten sobre el duelo pero que no están en duelo, pierde firmeza entre los dolientes.

Podríamos decir que todo se ve muy claro desde fuera, pero que esa visión cambia radicalmente cuando la persona vive la experiencia. No es lo mismo lo que sabemos con la cabeza que lo que sabemos o aprendemos desde el corazón. Inmersos en el proceso de duelo, las certezas se desdibujan.

Qué duelo es el que duele más

Si asistiéramos a una terapia grupal de duelo podríamos observar cómo una de las inquietudes del grupo es saber qué pérdida duele más. En el caso del grupo de duelo, la inquietud tiene más que ver con el papel que tiene cada participante y el orden de importancia o prioridad. En realidad, es como si debatieran sobre cuál de los miembros del grupo tiene más derecho a recibir atención por parte del terapeuta, o quién merece o necesita más cuidados.

En algún momento de la terapia, es frecuente que alguno de los participantes establezca comparaciones. Reproduzco una síntesis de lo que podría ser un diálogo real en un grupo de duelo:

– Lo mío duele más, porque claro, la muerte de mi padre fue repentina, no nos la esperábamos.

– Ya, pero tu pérdida es ley de vida, los padres mueren antes que los hijos. Yo he perdido a un hijo y eso no tiene ni siquiera nombre.

– Es verdad que lo tuyo no tiene nombre, pero yo he perdido a mi marido, he cambiado de estado civil.

Las necesidades del duelo

Estas intervenciones son casi textuales y se repiten invariablemente en cada uno de los distintos grupos de terapia que coordinamos. El sentido que tienen para mí guarda relación con el espacio que cada uno tiene en el grupo. Tiene que ver con los primeros momentos, cuando los participantes deben encontrar su espacio y defenderlo.

Cada uno conquista su turno de palabra, y la atención que recibe por parte del grupo y del terapeuta. También puede estar relacionado con justificar la necesidad de atención por parte del psicólogo: “Como lo mío duele más, necesito más atención por parte del terapeuta, o necesito hablar más tiempo, o soy más especial”.

El duelo que más duele es el propio

Independientemente de las conclusiones a las que lleguemos en cuanto a qué pérdida es más dolorosa, lo que el conductor de la terapia les explique ha de ir en esta línea:

A cada uno de vosotros os duele vuestra pérdida y lo hace de distinta manera, porque ninguna es igual a las demás. Lo que tenéis en común es el dolor que os produce la pérdida. Todos estáis viviendo un duelo. Eso es lo que os une y lo demás son aspectos que os distinguen. Cada uno de vosotros va a tener tiempo para exponer su experiencia y cada uno va a ser escuchado con respeto. Todos tenéis derecho a vivir vuestro duelo a vuestra manera, sin ser juzgados. Y por eso pediré lo mismo para cada uno de los participantes: que no os comparéis, que respetéis el turno de palabra y que no os interrumpáis los unos a los otros.

A cada uno le duele lo que ha perdido. No creo que exista un dolor que “objetivamente” sea más intenso, aunque podamos debatir sobre eso y sobre las ideas que tiene cada persona en relación al duelo. Al final cada quien explicará su dolor en base a su contexto, y eso es lo que nos permite comprenderlo mejor.

Estas claves pretenden servir de orientación a las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido o intentan ayudar a una persona doliente de su entorno. Para saber más o para solicitar ayuda psicológica gratuita, no dudes en consultar nuestra página web:

   www. fundacionmlc.org

Duelo complicado

 

Descripción general

Perder a un ser querido es una de las experiencias más angustiosas y, desafortunadamente, frecuentes que enfrentan las personas. La mayoría de las personas que padecen una aflicción y un duelo normal atraviesan un período de dolor, aturdimiento, e incluso culpa e ira. Gradualmente estos sentimientos se alivian, y es posible aceptar la pérdida y seguir adelante.

Para algunas personas, los sentimientos de pérdida son debilitantes y no mejoran, incluso con el paso del tiempo. Esto se conoce como duelo complicado, a veces llamado «trastorno por duelo complejo persistente». En duelos complicados, las emociones dolorosas duran tanto y son tan intensas que te resulta difícil recuperarte de la pérdida y continuar con tu propia vida.

Cada persona tiene su propia forma de afrontar la experiencia del duelo. El orden y la duración de estas etapas pueden variar según la persona:

  • Aceptar la realidad de tu pérdida
  • Permitirte sentir el dolor de tu pérdida
  • Adaptarte a una nueva realidad en la cual la persona fallecida ya no está presente
  • Tener otras relaciones

Estas diferencias son normales. Sin embargo, si no logras superar estas etapas en más de un año después de la muerte de un ser querido, puedes atravesar un duelo complicado. En tal caso, busca un tratamiento. Este puede ayudarte a asumir tu pérdida y a recuperar un sentido de paz y aceptación.

Síntomas

Durante los primeros meses después de una pérdida, muchos signos y síntomas del duelo normal son los mismos que los del duelo complicado. Sin embargo, mientras que los síntomas del duelo normal comienzan a desaparecer gradualmente, aquellos síntomas del duelo complicado persisten o empeoran. El duelo complicado es como estar en un estado de aflicción constante e intensificado que no te permite recuperarte.

Los signos y síntomas del duelo complicado pueden ser los siguientes:

  • Tristeza profunda, dolor y pensamientos constantes acerca de la pérdida del ser querido
  • Falta de concentración en cuestiones que no sean la muerte del ser querido
  • Atención extrema a los recuerdos del ser amado o la anulación excesiva de los recuerdos
  • Deseo o añoranza intensos y persistentes por el difunto
  • Problemas para aceptar la muerte
  • Entumecimiento o distanciamiento
  • Resentimiento por la pérdida
  • Sentimiento de que la vida no tiene sentido ni propósito
  • Falta de confianza en otros
  • Incapacidad para disfrutar la vida o para recordar las experiencias positivas vividas junto con tu ser querido

También se puede diagnosticar duelo complicado si continúas presentando lo que se indica a continuación:

  • Tienes problemas para llevar a cabo las actividades cotidianas
  • Te aíslas de los demás y te apartas de las actividades sociales
  • Tienes depresión, tristeza profunda, sentimientos de culpa o autorreproches
  • Crees que hiciste algo mal o que podrías haber evitado la muerte
  • Sientes que no vale la pena vivir sin la persona querida
  • Deseas haber muerto junto con tu ser querido

Cuándo consultar al médico

Comunícate con un médico o un profesional de salud mental si sientes una aflicción intensa y tienes problemas para desenvolverte que no mejoran, al menos, un año después de la pérdida de tu ser querido.

Si tienes pensamientos suicidas

Por momentos, las personas que padecen duelo complicado pueden pensar en suicidarse. Si estás pensando en suicidarte, habla con alguien de confianza. Si crees que puedes actuar debido a sentimientos suicidas, llama al 911 o al número de servicios de emergencia local de inmediato. O llama a una línea directa para suicidas. En los Estados Unidos, llama a la Línea Nacional de Prevención del Suicidio al 1-800-273-TALK (1-800-273-8255) para ponerte en contacto con un consejero capacitado.

Causas

Se desconoce la causa del duelo complicado. Al igual que sucede con muchos trastornos de salud mental, puede estar relacionado con tu entorno, tu personalidad, tus rasgos hereditarios y con la composición química natural del organismo.

Factores de riesgo

El duelo complicado ocurre, con mayor frecuencia, en las mujeres y en las personas mayores. Los factores que pueden aumentar el riesgo de padecer duelo complicado son:

  • Una muerte inesperada o violenta, tal como una causada por un accidente automovilístico, o el asesinato o suicidio de un ser querido
  • La muerte de un niño
  • Una relación cercana o de dependencia con la persona fallecida
  • Aislamiento social, o falta de un sistema de apoyo o amistades
  • Antecedentes de depresión, ansiedad por separación o trastorno de estrés postraumático
  • Experiencias traumáticas durante la infancia, tales como maltrato o descuido
  • Otros factores importantes de la vida que causan estrés, como dificultades económicas importantes

Complicaciones

El duelo complicado puede afectarte física, mental y socialmente. Sin el tratamiento adecuado, las complicaciones pueden comprender:

  • Depresión
  • Pensamientos y conductas suicidas
  • Ansiedad, comprende el trastorno de estrés postraumático
  • Alteraciones significativas del sueño
  • Mayor riesgo de contraer enfermedades físicas como enfermedades cardíacas, cáncer o presión arterial alta
  • Dificultad para sobrellevar tareas cotidianas, mantener relaciones y realizar actividades laborales en el largo plazo
  • Consumo de alcohol y nicotina o abuso de sustancias

Prevención

No está claro cómo prevenir los duelos complicados. Recurrir al asesoramiento psicológico poco después de una pérdida puede ayudar, especialmente a las personas que tienen un mayor riesgo de padecer duelo complicado. Además, el apoyo y el asesoramiento psicológico pueden resultar útiles para las personas responsables del cuidado de un ser querido que padece una enfermedad terminal, ya que las ayudará a prepararse para la muerte y las repercusiones emocionales posteriores.

  • Hablar. Hablar sobre tu dolor y permitirte llorar también pueden ayudar a evitar que quedes inmerso en la tristeza. Por más doloroso que sea, confía en que, en la mayoría de los casos, el dolor empezará a irse si te permites sentirlo.
  • Apoyo. Los miembros de la familia, los amigos, los grupos de apoyo social y tu comunidad religiosa son todas buenas opciones para ayudarte a superar el dolor. Puedes encontrar grupos de apoyo que se centren en un tipo particular de pérdida, como la muerte de un cónyuge o de un hijo. Pídele al médico que te recomiende recursos locales.
  • Terapia de duelo. Al realizar terapia poco después de una pérdida, puedes explorar las emociones relacionadas con ella y aprender capacidades para hacer frente a desafíos o situaciones de manera saludable. Esto puede ayudar a prevenir que los pensamientos y creencias negativos se arraiguen y sean difíciles de superar.